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Desde el principio de su inserción en el mercado internacional, como colonia española primero y luego como país independiente, nuestro territorio tuvo como una de sus principales características la monoproducción: sus abundantes y buenas praderas naturales le aseguraron ventajas comparativas en la producción y exportación de su actividad ganadera. Su integración en el mercado internacional se realizó así como exportador de materias primas y alimentos, y como importador de productos manufactureros.
Hacia mediados del siglo XIX la gran demanda exterior y sus exigencias provocaron la paulatina introducción para el mejoramiento de las razas ganaderas de nuevas técnicas de producción que requerían de una nueva mentalidad: la vieja “estancia cimarrona” va a dar paso a la “estancia empresa capitalista”. Ésta se va a asentar sobre: la propiedad privada de la tierra, su alambramiento, introducción de nuevas razas, y la inversión extranjera, principalmente de origen inglés.
Las consecuencias sociales fueron la expulsión masiva de los pobladores del campo: simples ocupantes, medianeros, peones y agregados, cuyo trabajo ya no era necesario en la nueva forma de producción capitalista. El destino de estas masas campesinas fue el de ser fundadores de lo que se dio en llamar los “pueblos de ratas”: irse a los centros poblados ya existentes y sumarse a su fuerza de trabajo; ser de modo voluntario o forzado –la mayor parte de las veces-, la tropa del ejército del Estado nacional que se estaba consolidando, dedicarse a la vida colectiva, ser apresado y obligado a trabajos forzados.
Estos expulsados del campo, los inmigrantes de origen europeo, el capital, los ferrocarriles, los distintos medios de comunicación, etc., contribuyen en mayor o en menor grado a un proceso de urbanización muy temprano. Surgen pequeños y medianos centros de producción, que aglutinan a una masa de trabajadores que comenzarán poco a poco a organizarse, primero en mutuales para la defensa de sus intereses más inmediatos, y luego a plantear cuestionamientos de índole socio-política: intentos de organización de los trabajadores tipolitográficos de Montevideo (1857 – 58); Sociedad Tipográfica Oriental (1870); la Biblioteca para Trabajadores (1872), éstas dos últimas mantiene relaciones internacionales con la sección mexicana de la Asociación Internacional de Trabajadores (A.I.T.). Otros trabajadores que se organizan son los albañiles, maestros de escuela, tapiceros, herreros.
Comienzan las primeras huelgas por mejores salarios, por mejores condiciones de trabajo, reconocimiento de su sindicato: Carpinteros de la Ribera (1876), Mineros de Cuñapirú (1880). Un hecho importante de esta época es la conmemoración del 1º de Mayo de 1890 en homenaje a los mártires de Chicago.
Una crisis económica de importancia provoca en el país recesión, con la secuela de despidos, rebajas salariales... que golpean y repliegan la actividad sindical. Hacia 1895 ésta recomienza nuevamente con la fundación de diferentes organizaciones de trabajadores de inspiración marxista y anarquista.
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